jueves, 10 de octubre de 2013

CONJURA DE ALUMBRADOS


Suelo burlarme de un amigo mío, descendiente del humanista doctor Marañón, por calificar a Don Juan de homosexual latente. La última vez, en la boda de una coqueta de la que ambos hemos estado enamorados con desiguales consecuencias.

Para lidiar mejor a este antiguo rival con el que ya no compito, releo el estudio sobre Don Juan, del médico humanista Gregorio Marañón. Es una lectura que descubre la época del cachondo Felipe IV, el huraño Olivares, una alegre y ligera Isabel de Borbón (nieta del gran Cosme de Medicis e hija del rey amante y aventurero Enrique IV), los alumbrados religiosos y sus desviaciones eróticas en el interior de los conventos: recomendaban copular con santas mujeres para engendrar profetas; las videncias y horóscopos a los que toda la corte era aficionada, las costumbres licenciosas pese a la Inquisición en un Madrid lascivo y adúltero que se encamaba alegremente, destellos dorados donde confluyeron talentos como Quevedo, Tirso, Lope, Góngora, Calderón…y el conde de Villamediana.

Tirso de Molina se basó en la fascinante figura de Villamediana para su Don Juan. La vida de don Juan de Tassis fue sublime sin interrupción. Además de admirado poeta era viajero irreverente, elegante, valiente y jugador. Cualidades que han venido inseparables de la condición donjuanesca. Se rumoreaba que llegó a liarse con la bella reina Isabel y que presumía de ello al lancear toros en la plaza, desplegando una temeraria divisa: “Son mis amores reales”.

El conde murió joven, glorioso y asesinado. Muchos y poderosos le tenían ganas, pero además, a su muerte, se descubrió una trama que le relacionaba con un proceso relacionado con “el pecado nefando”, dando a decir que don Juan era tan aficionado al placer, que ni siquiera despreciaba a los de su mismo sexo. Algo que sin duda ayuda a Marañón en su magnífico–aunque a veces algo mojigato—estudio.

 La historia de España hubiera sido bien diferente si, en lugar del grave Olivares, hubiéramos disfrutado más años de un epicúreo como Villamediana en el poder. Eso sí, después de la lectura me queda la impresión de que los políticos de hoy son clavados a los alumbrados de ayer. Frailes falsos, secretarios y administradores ladrones, gordos muleros, zafios y liantes, esa picaresca tan española y atemporal. Es urgente elevarse de una vez y dar una patada a tanto alumbrado aprovechado. El problema es que se han montado un chiringuito mafioso y, a no ser que haya una revolución, es imposible moverlos.

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