martes, 21 de enero de 2014


CANAS GALAS

Si fuera una al.lota ibicenca, Valery, la mujer del aburridísimo Francois Hollande, hubiera preparado un trago secreto con unas gotas de sangre menstrual para tener sujeto a las faldas a su marido. Es una pócima infalible, pero se corre el riesgo de dejar memo al zángano.

El caso es que esta aventura adúltera del jefe de los galos le situará mejor en las encuestas francesas, donde tan mal parado estaba. Por lo menos la burguesa, avara y dulce Francia, aprueba y ayuda en las aventuras amorosas, especialmente con las pesadas cadenas matrimoniales, aquellas que necesitan de más de dos personas para soportarlas.

Que el mandamás gabacho se lie con una actriz es un buen síntoma. ¡El hombre está vivo! Naturalmente él no tiene  a Carla Bruni cantando a su oreja, así que se debe liarse con una actriz y ordena que el servicio secreto le traiga croissants para desayunar en el catre de la Pompadour.

En España no se castigan los escándalos semejantes más allá de la coña en un bar. Que cada cual se encame como mejor pueda, parece ser  nuestra máxima. Y me parece bien, pues la vida secreta, o privada, pertenece solo a la intimidad.

Desde los tiempos del glorioso poeta conde de Villamediana, cuya audaz divisa era “Son mis amores reales”, no se ha perseguido a nadie por sus amoríos. Con lo cual se demuestra que no somos tan puritanos, a Dios gracias.

Si estuviera en Inglaterra o Alemania, Hollande se vería obligado a dimitir. En España le aplaudirían y Francia, tan vieja como vanidosa, sencillamente aprueba las aventuras extramatrimoniales de un hombre que semeja tener sangre de horchata pero que se encama alegremente fuera de los muros del Elíseo. Qué mejor propaganda para los chovinistas galos que todavía piensan, sin Unamuno de por medio, ser la reserva espiritual y sensual de Europa.

En el ruedo ibérico se saben y creen saber tantas anécdotas de tantos personajes de relieve, que podemos colocarnos al nivel de una Sodoma y Gomorra que solo incumbe a los protagonistas. Pero eso es una ventaja, que no sé cuánto durará, ante el patio abierto y cotilla del corral cibernético y tertuliano, donde tantos presumen de callar más de lo que saben, aunque carezcan de idea ni información fidedigna más allá de alguna foto propagandística.

¡Viva la fantasía! Y vivan los amores de verdad. Hojas del árbol caídas son hojas, ¡ay desprendidas! del árbol del corazón. Si al menos nos hacen vibrar, significa que estamos vivos. Y el adulterio, en Francia, nunca ha sido pecado…

 

 

 

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