lunes, 3 de febrero de 2014


REGATA INDICA Y APUESTAS SENSUALES

¡Qué espectáculo la gran carrera de dhows de Lamu! Dicen algunos que el Corán impide apostar, pero en esta prueba ya hay quien se juega las vacas, las cabras, algún burro, una casa y hasta la mujer.

El juego es algo congénito en el hombre. Grandes fulleros como Casanova disfrutaban en la mesa aun sabiendo que iban a perder al faraón. Eso es algo que los no ludópatas son incapaces de comprender, pero que saben muy bien en los casinos, abarrotados de jugadores a lo Dostoievski, hipnotizados por el tintineo de la bola de la ruleta e incapaces de retirarse, incluso cuando han multiplicado por cien su caudal inicial.

Pero eso de jugarse a la mujer es algo impresionante. Tal vez cuando se tienen cuatro, como muchos amigos musulmanes, puede ser más comprensible que durante la monogamia cristiana. Aunque ¿quién sabe? Puede que sea una forma en que todos salgan ganando, especialmente la mujer.

La proposición indecente de Robert Redford al patán que estaba liado con Demi Moore: un millón de dólares por acostarse con su mujer, no solo pasa en las películas. A menudo sucede que la mujer abandona al perdedor que se ha atrevido a apostarla, aunque a veces hay parejas que se ponen de acuerdo, como si fuera un morboso intercambio. Yo he visto ofertas escandalosas en la mesa cuando no se tiene dinero para pagar las deudas. Y sé de matrimonios que no lo eran realmente, pero que se prestaban mutuamente como garantía ante crápulas millonetis.

Desde la política también juegan con nosotros. Treinta mil millones para las Cajas asaltadas por los diferentes partidos demuestran que estos no pierden nunca. Tienen el poder absoluto y se benefician con la libra de carne de sus votantes, como el Shylock del Mercader de Venecia. Mienten más que en una partida de mus y envidan con el Tesoro Público.

La actual devaluación de la moneda de países emergentes también demuestra el juego—con ases en la manga—de los temibles hedge funds. ¿Y qué es el mercado de futuros, cuando se apuesta contra la quiebra de una empresa, sino un juego que suicida el sistema?

Amo el juego pero detesto a los mamones que juegan con la vida de los otros.

Tres dhows se hundieron en la regata de Lamu. Van muy sobrecargados de tripulantes para jugar con el fuerte viento y hacer balance sobre una especie de trapecio de madera del que llegan a colgarse siete marineros a la vez.

A su llegada a puerto el ganador fue abordado por cien espontáneos nadadores y también se hundió por unos momentos. La pasión con la que se vive tal competición y las apuestas que se cruzan me recordaron a la Copa del Rey en Palma de Mallorca. Aunque en Palma no hay tantas moras de ojos fascinantes que pasean en burka para elegir a sus víctimas sensuales. Tampoco hay aquí rusas de tacones vertiginosos perfumadas de vodka. Son otros aires y latitudes, diferencias benditas en la aldea global que sueña el totalitarismo socialista-capitalista, y el viajero se recrea y encanta sin necesidad de proyectar viajes lunáticos más allá de atmósfera terrestre. ¡Qué tontería es esa de gastarse una fortuna para viajar en una nave espacial, atiborrarse de pastillas y respirar aire enlatado! La tierra nos ofrece el placer y la aventura y todavía hay tantos oasis vírgenes con los que los aburridos filisteos, ya sean millonarios o pobres, jamás podrán soñar…

Los musulmanes celebran el aniversario del nacimiento del profeta Mahoma. Son días de rezos y alegría y se recitan los versículos del Corán mientras las casas se abren a todo visitante fervoroso.

Una fragata, de cuya bandera no quiero acordarme,  fondea en el canal que separa Lamu de Manda. Después de mi baño matutino en una playa kilométrica que no ha sido dañada por plebeyos turoperadores, me acerqué a la fragata para invitar a su capitán a almorzar. Pero el protocolo naval en estas aguas corsarias lo impide. Una ametralladora apuntó a la proa de mi embarcación mientras los marineros hacían señas para que nos fuéramos con viento fresco. Temen las barcas camufladas de piratas con explosivos que ya ha hundieron un poderoso portaviones norteamericano. Bueno, pues se quedarán si cocktail, ya que en esta isla bendita solo hay cuatro garitos con licencia alcohólica pero es en la casa donde duermo donde jamás escasea el barril de ron.

Es agradable visitar islas alejadas del turismo pero rezumantes de viajeros. Un poco como las Baleares en invierno (bendita estacionalización), pero con mejor clima y sin publicidades espantosas de Fitur. Cierto es que uno echa de menos la calcotada y las sobrasadas, pero a veces hay que variar la dieta.

 

 

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